La productividad del futuro no depende solo de la IA, sino de la capacidad humana para aplicarla con estrategia y calidad.
La discusión sobre la productividad ha cobrado un nuevo impulso e incluso un nuevo rumbo a medida que la inteligencia artificial (IA) gana terreno en prácticamente todas las áreas profesionales. Y si lo pensamos bien, es una discusión bastante obvia, ya que con las automatizaciones y las respuestas cada vez más rápidas y eficientes de la IA, las personas están ahorrando muchas horas de trabajo semanal. Casi un día completo, para ser más precisos.
Eso es lo que revela una investigación realizada por la London School of Economics (LSE): los colaboradores que utilizan herramientas de IA pueden ahorrar, en promedio, 7,5 horas por semana. Pero este beneficio no surge de forma espontánea, ya que depende de algo que todavía falta en gran parte de las empresas. ¿Ya sabes qué es? Exacto: capacitación. Además, por supuesto, de fluidez digital y una comprensión estratégica de cómo trabajar codo a codo con la IA.
La IA no trabaja sola. No “resuelve todo”, sino que amplía la capacidad humana. Al automatizar tareas repetitivas, acelerar análisis y organizar información, la IA libera tiempo para lo que realmente importa: toma de decisiones, razonamiento crítico, comunicación clara y creatividad aplicada al contexto del negocio. Es decir, todas las áreas que siguen siendo profundamente humanas.
El desafío es que el uso genérico de la IA no genera ganancias significativas. “Resume esto” o “escribe aquello” es solo el comienzo. Y un comienzo bastante limitado.
El nuevo diferencial es dominar la IA de verdad
El estudio de la LSE revela una diferencia marcada entre quienes reciben capacitación y quienes no reciben: el 93 % de los profesionales capacitados usa IA en el trabajo, y entre quienes no reciben formación, solo el 57 % la utiliza. Y hay más: la capacitación adecuada puede duplicar la productividad, llevando el ahorro hasta 11 horas semanales.
Estos números muestran que el impacto de la IA depende menos de la tecnología y más de las personas. Sin preparación, se crea una nueva desigualdad interna, una especie de “brecha digital”. Y esta brecha puede ampliar diferencias de desempeño, perjudicar la innovación y dificultar la construcción de equipos preparados para el futuro.
Por eso, los profesionales que realmente dominan la IA suelen tener tres competencias fundamentales:
1. Eligen las herramientas adecuadas
El ecosistema de IA es diverso: agentes autónomos, plataformas específicas por área, modelos generalistas, herramientas de automatización y sistemas integrados al entorno corporativo. Saber cuál usar y cuándo usarla marca toda la diferencia.
2. Crean prompts valiosos
El prompt es método. Es saber definir contexto, objetivos, restricciones, tono, formato de salida y estándares de calidad. Un buen prompt no sustituye el razonamiento humano, pero lo organiza y lo orienta para que la IA ejecute con precisión.
3. Desarrollan agentes y personajes especialistas
Los profesionales altamente productivos ya crean sus propios agentes digitales: asistentes de análisis, revisores, tutores, curadores de contenido, especialistas en compliance, consultores ficticios capaces de simular escenarios o evaluar decisiones. Estos agentes amplían la capacidad de entrega sin aumentar la carga de trabajo.
Cómo la IA ya mejora la productividad en diferentes áreas
- RH: un agente analiza currículos, identifica patrones y sugiere preguntas de entrevista alineadas con la cultura de la empresa.
- Atención al cliente: un GPT personalizado adapta respuestas al tono de la marca, prioriza tickets y recomienda ajustes semanales en el guion.
- Finanzas: un agente transforma planillas y exportaciones del ERP en dashboards automáticos y dispara alertas cuando los indicadores salen del rango esperado.
- Marketing: una IA monitorea a la competencia, resume tendencias y sugiere acciones mensuales basadas en datos públicos.
- Gestión de proyectos: grabaciones de reuniones se convierten en actas estructuradas, pendientes y cronogramas completos.
- Educación corporativa e idiomas: tutores inteligentes ayudan en el aprendizaje personalizando ejercicios, ajustando explicaciones y proponiendo actividades de acuerdo con el nivel del estudiante.
Es importante destacar que, en el caso de los idiomas, la IA ayuda, pero no sustituye la competencia real de hablar, interpretar y comprender matices culturales. La IA puede generar borradores de traducciones, sugerir correcciones y acelerar tareas, pero la toma de decisión final, especialmente en contextos profesionales, jurídicos, comerciales o interculturales, sigue siendo humana. La tecnología ayuda a ganar agilidad, pero el conocimiento lingüístico garantiza precisión, intención y credibilidad. Y es justamente en estos principios donde se basan los programas de idiomas de Nulinga.
Estos ejemplos muestran que la IA no sustituye el trabajo, sino que lo potencia. Y cuando equipos de diferentes generaciones trabajan juntos, el efecto es aún mayor, un dato destacado también por la investigación de la LSE, que muestra que la diversidad de trayectorias favorece el uso eficaz de la IA.
Capacitación: el cuello de botella que ya está costando caro
A pesar de los beneficios claros, el acceso a la capacitación sigue siendo limitado. Muchos líderes afirman tener recursos para aprender sobre IA y entender su adopción, y muchos colaboradores sostienen lo contrario. Este desajuste puede generar frustración, desigualdad e incluso resistencia interna.
Las empresas que no aborden esta brecha corren el riesgo de ampliar desigualdades de desempeño, comprometer la innovación, reducir la competitividad y perder talento que busca entornos preparados para el futuro.
La cuestión no es “adoptar IA”, sino enseñar a las personas a utilizarla con calidad.
¿Y qué pasará cuando todos dominen la IA?
Si hoy quienes saben usar IA ya ahorran entre 7 y 11 horas semanales, ¿qué pasará cuando esta fluidez sea masiva?
¿Cuando los informes tarden minutos?
¿Cuando los análisis complejos se vuelvan rutinarios?
¿Cuando las tareas administrativas desaparezcan de la agenda?
La pregunta se vuelve inevitable: ¿la IA nos llevará a jornadas laborales reducidas?
¿Semanas de 32 horas?
¿Días con más foco y menos burocracia?
¿Equipos más pequeños, estratégicos y menos sobrecargados?
Todavía no hay una respuesta definitiva. Pero una certeza ya existe: el futuro del trabajo no dependerá de la IA por sí sola, sino de la calidad humana para utilizarla con inteligencia, preparación y propósito.